¡Sin piedras por favor!


Juan 8:5-7  
Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿tú, pues, qué dices? 6Decían esto, probándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra. 7Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra.
Se observó en un noticiero de la televisión algo que sucedió hace pocos años en un país del Medio Oriente: una multitud iba corriendo detrás de un muchacho con piedras y ladrillos en la mano. Cuando lo alcanzaron, comenzaron a tirarle las piedras hasta matarlo. El muchacho no tendría más de 20 años. Presenciar una lapidación de esa magnitud, causa escalofrío. Considero que hay que estar enardecido y lleno de odio para juntar piedras y  tirárselas a otro.
Te puedes imaginar cómo estaría temblando la mujer que estaba a punto de ser apedreada? Los fariseos ya la habían sentenciado. Seguramente había piedras por todas partes. El odio y la falta de amor y compasión sobraban en los líderes religiosos. Su postura religiosa los ponía en el terreno de sentirse jueces y capaces de condenar y matar a alguien que necesitaba comprensión y una oportunidad para arrepentirse y restaurar su vida.
Pero Jesús es diferente, Él no sentencia a la ligera, ni está cargado de odio, ni le falta compasión. Jesús guarda un respetuoso silencio, no para ignorar a los fariseos, sino para poner las cosas en perspectiva. Luego habla, involucrando a cada uno de los acusadores: “Aquel que esté sin pecado…” No hizo falta decir nada más. Ahora el silencio fue mayor. Las acusaciones ahora apuntaban a otro lado. Los versículos bíblicos que condenaban, ahora se dirigían a los fariseos. Jesús les dio el tiempo necesario para que sus conciencias los acusaran y se fueran alejando, vencidos y avergonzados.
Los fariseos se fueron batidos, pero no humillados por Jesús. Él ni siquiera levantó la vista. Él no afrenta a nadie. Él arrastra y convence con amor. Los silencios de Jesús son para hacernos pensar, para que aprendamos a poner las cosas en perspectiva,  y para que su ley obre en nosotros mostrándonos que somos tan pecadores como los demás. Él no nos arrojó piedras, no nos avergonzó por nuestro pecado. Él nos convenció con su amor.
Fue por su gran amor que la mujer tuvo una oportunidad más para rectificar las cosas que no estaban bien en su vida. Es el amor el que abre puertas para que la gente puede meditar en su estado de vivir y ver en Jesús su más clara oportunidad para cambiar. Es el amor el que puede cubrir todo pecado, toda ofensa, todo odio, toda maldición. Es el amor el que necesitaban también los fariseos, pero que tristemente prefirieron retirarse que postrarse ante los pies de Jesucristo para recibir también el perdón de sus pecados. Es el amor el vínculo perfecto para que cambien las personas, las familias, la sociedad, el país y el mundo entero. Ese perfecto amor, solo se encuentra en Dios…porque Él es amor.
Muchos tienen la tendencia de tomar piedras como los fariseos para lapidar a aquellos que suelen tener errores o que están viviendo en pecado. Creo que es más fácil tomar piedras para castigar que ser investidos de amor para ayudar a restaurar las vidas.  La religiosidad nos hace sentir que somos perfectos y que los demás están plagados de muchas equivocaciones. Esto provoca en los religiosos insensibilidad y crudeza para con sus semejantes.
Jesús nos invita a guardar silencio para no juzgar ni condenar, y a la vez, hacer que nuestro estilo de vivir que debe de estar acorde a la Voluntad de Dios, sea un desafío para que los demás nos quieran imitar. Apedrear no fue la táctica de Jesús para manifestar su amor hacia las personas. Tampoco debe de ser nuestro método para tratar a nuestros semejantes.

CONCLUSIONES
Abramos una puerta para que sea manifestado el amor y la comprensión que lleve a las personas a buscar de Dios y así cambiar su manera de vivir.

La Biblia declara lo siguiente en 1 Juan 4:7-8: Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor3.

Somos llamados a tratar con amor a nuestros semejantes. Esto no significa que pasemos por alto sus faltas o errores, sino más bien, debemos de estar  dispuestos a ayudarles a no mantenerse en ellos.

Muchos están esperando una oportunidad para cambiar el rumbo de sus vidas. Quizás están escondidas y avergonzadas por su pecado. Pero Dios puede usar tu vida para mostrarles su amor a través de un gesto, de una invitación cordial, de una visita para compartir su Palabra, de un buen consejo.

            REFLEXION

1.     Jesús colocó la pauta para todos los que le escuchaban, incluyendo a los fariseos que tenían las manos ocupadas con las piedras que iban a lanzar a la mujer: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra, si tú hubieses estado en el acto de la misma escena, ¿cuál hubiera sido tu reacción?
2.     Mucha gente no se acerca a Dios por el temor de ser rechazados no por Él, sino por la gente religiosa que preside los lugares de reunión, ¿cuál es tu postura para ayudar a la restauración de las personas? ¿condenas o muestras amor?

3.     Piedras no por favor. Seamos generadores de oportunidades para que la gente venga y conozca del amor de Dios, ¿estás dispuesto a ser un agente de Su Amor?

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   Pastor Oscar
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