Somos hijos del Eterno


       1 Juan 3:
Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es.

Podemos afirmar que nosotros somos hijos de Dios, los que por fe hemos aceptado a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador. El aceptar por fe el sacrificio de Cristo en la cruz nos convierte en hijos de Dios. Pero este nuevo nacimiento espiritual, el mundo, es decir el resto de la humanidad, no lo comprende, y le parece presunción, arrogancia y soberbia por parte de nosotros.
Lo importante aquí es que, el hijo de Dios puede decir sin lugar a duda: Yo soy un hijo de Dios por medio de la fe en Jesucristo. Ya lo somos en el presente! No es que esperamos serlo en algún futuro más o menos próximo. Emociona saber, amigo oyente, que como hijos de Dios, pertenecemos a la familia del Eterno. Nuestra decisión por seguir a Cristo, nos da el derecho de ser llamados hijos de Él  A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios 1 .
Afirmar que somos hijos de Dios no significa pecar de soberbia o de orgullo espiritual. No llegamos a ser hijos de Dios por nuestros propios méritos, por muchas buenas obras y generosos gestos que podamos tener. Los hijos de Dios sólo podemos afirmar con humildad que la gracia del perdón de nuestros pecados se acepta como un regalo, no merecido por parte de Dios. Así que, sólo podemos alabar al maravilloso Salvador, pues es a través de sus méritos que somos salvos y miembros de la familia de nuestro Dios.
Otro aspecto que necesitamos destacar aquí, es que Juan ha presentado de una manera muy clara el pensamiento de que si somos hijos del Dios Altísimo, y hemos nacido de nuevo, entonces vamos a exhibir una vida que se conforma e imita a la del Padre; es decir, un hijo de Él tendrá deseos de vivir una vida que haga creíble su fe en Jesucristo, y mostrar con sus hechos que puede honrarle.
El Espíritu Santo es el que confirma esta certeza, de que somos  hijos de Dios,  y lo confirma a nuestro corazón, y con toda seguridad y confianza declaramos que somos  salvos, limpios y redimidos por la sangre que Cristo vertió en la cruz por amor a nosotros.
El verso 2 de este capítulo nos dice también:  Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es, Juan nos dijo que seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es. ¡Ese es una promesa maravillosa! Dios ve en cada uno de nosotros, aquello que Él puede hacer en nuestras vidas. Debemos de estar agradecidos de que Él no ha dejado de trabajar y de obrar en nosotros.  El Eterno aún no ha terminado su obra transformadora en cada uno de sus hijos, Él sigue perfeccionando su obra en medio de su pueblo.

CONCLUSIONES
Se cuenta una historia acerca del universalmente conocido artista, Miguel Ángel, un genio de la pintura y la escultura, que en una ocasión trajo a su estudio un gran trozo de mármol. Miguel Ángel caminó a su alrededor, lo estudió y dijo: "Esto es realmente hermoso". Su ayudante que se encontraba a su lado, dijo: "Bueno, todo lo que yo veo es un enorme pedazo de mármol". Miguel Ángel le contestó: "Ah, olvidaba que tú no ves lo que yo veo. Lo que veo aquí es una estatua de David". Su ayudante miró y dijo: "Bueno, la verdad es que yo no la veo en absoluto". Miguel Ángel le replicó: "Ya sé que tú no lo puedes ver, porque yo lo veo en mi propia mente, y lo que veo, lo voy a transferir al mármol". Y así lo hizo. Miguel Ángel pudo percibir el potencial de esta gran piedra, observó sus grietas, sus vetas, pesó mentalmente el mármol y determinó que podría sacar una obra singular, irrepetible, que hoy todavía asombra al mundo por su belleza y perfección.

REFLEXION
1.   Somos hijos de Dios por los méritos de Jesucristo en la cruz del Calvario, ¿tomas con responsabilidad este hecho?
2.   Como hijos de Dios debemos de exhibir una vida que se conforma e imita a la del Padre Celestial, ¿tomas con seriedad este desafío como un hijo del Eterno?
3.    Dios nos dice: aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, ¿estás consiente de que Dios sigue perfeccionando tu vida?
4.   Él puede ver lo que puede hacer con y en nosotros, y lo que llegaremos a ser algún día. Ahora, ¿cuál es nuestra parte en este proceso que culminará un día en que se manifestará lo que somos, por Su gracia y trabajo en nosotros?


1 Juan 1:11-12

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   Pastor Oscar
   Correo: oscarhp07@hotmail.com
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